
Este pasado viernes fue un día bastante difícil de sobrellevar. Por norma general no suelo tener problemas con la gestión de cualquier tipo de circunstancia a nivel personal, laboral, o de mi día a día. Anticiparme a casi todo de manera automática para que mi cerebro pueda ser más resolutivo me ayuda sobremanera, pero algo para lo que nunca se está preparado porque no se puede anticipar es para las relaciones humanas.
El jueves decidí empezar este viaje de 100 artículos y el viernes me tocó gestionar una despedida que aunque necesaria y bonita me dejó muy removida.
Admiro a las personas que aseguran ser capaces de “soltar” emociones, recuerdos y vivencias con la rapidez de un sutil pestañeo; de hecho nunca me lo he terminado de creer.. digo yo que si lo dicen verdad será!! Al final es tan sencillo como ocupar tu día a día y no reflexionar acerca del porqué y para qué de las situaciones, con lo bonito que me parece integrar para crecer.
Viernes = Prueba que superar
Tenía pautado un entrenamiento con cambios de ritmo y la falta de sueño de la noche anterior, la llorera y la cabeza en ebullición hicieron que en el km 6 decidiera dar la vuelta y no continuar con el mismo.
Me gusta cumplir con los objetivos, y si son pautados por jefes, familiares o entrenadores como era el caso más. Llamé llorando a Ana, le pedí disculpas, sentí no poder estar a la altura de las circunstancias, de no haber soltado toda esa presión y permitirme disfrutar de un entrenamiento al solete antes de trabajar.
Ana fue muy clara, “no llores, lo primero tú, sea lo que sea no merece la pena”.
Saber que eres “diferente” siempre me ha generado una autoexigencia, control de impulsos y de emociones superlativo, principalmente cuando estoy con gente que no es de mi círculo cercano y con personalidades muy rígidas o con mucho nervio (se me meriendan a todos los niveles).
Crecer con la puntilla de “actúa normal” produce un desgaste brutal y te obliga a crear incluso varias personalidades para sentir que encajas (el famoso masking) del que hablaré en otra ocasión.
No está bien no ser una misma, no está bien engañar ni engañarse. No ser uno mismo, seas neurodivergente o neurotípico nunca debería ser lo habitual. Pero ser diferente implica exponerse a un mundo estereotipado que duele. No generalizo, obviamente, pero la cruda realidad está ahí: Si eres neurodivergente hay personas que modifican su manera de tratarte, eso es así. Si pasa algo eres la persona a la que van a señalar con el dedo. Una pena.
Tener una red de apoyo es indiscutiblemente fundamental para todo el mundo; en mi caso que me cuesta dios y ayuda construir relaciones profundas y largoplacistas, poder contar con un entorno familiar que me apoye, un amigo que me abrace o una cuadrilla con la que compartir aficion vale su peso en oro. Es de un valor incalculable contar con esas personas que antes de que entres en hiper-excitabilidad saben leerte y te cogen de la mano, te dejen irte sin avisar porque saben que necesitas autoregularte o se limiten a normalizar que puedas llorar por el simple hecho de estar contando cómo te ha ido el día. Cómo duele escuchar “lo tuyo no es normal”, como si normalizar ser un/a autentic@ narcisista verborreicamente maleducad@ tuviera que pasarse por alto porque la neurodivergente es la otra.
Respeto, empatía, amabilidad, generosidad, calma, atención, complicidad.. Benditas redes de apoyo, esas personas que son capaces de hacerte sentir bienvenido siempre, que dialogan, que respetan los tempos de las conversaciones, que te hacen sentir uno más.
Visibilizar cómo funciono no va a ser fácil, entender que no tod@s querrán quedarse tampoco lo va a ser.
Gracias a todos los que vais a ser una mano amiga en este proceso. Gracias a todos los que no prejuzguéis y os apetezca conocer este mundo un poquito más de cerca.
Bienvenid@s

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