
Siempre llega ese instante. Justo antes de la salida, cuando las piernas ya están listas pero la cabeza empieza a jugarte malas pasadas. La respiración se vuelve más corta, el pulso se acelera.. Arrancando!!!
Ya entrenaste, ya lo pensaste todo mil veces… El mejor momento es AHORA.
Todo empezó con una 10K de asfalto en octubre. Nos apuntamos varias amigas, lo pasamos bien, nos sentimos fuertes y, en un arrebato de motivación post-meta, dijimos: ”¡Venga, el año que viene, el maratón!”. Ahí estábamos, con nuestra ilusión intacta y un plan de entrenamiento en marcha.
El año pasado, unas cuantas cumplimos 42 años, cada kilómetro de la carrera representa un año de nuestra vida. Pura poesía 😉❤️.
Para mí, este maratón tiene un extra de locura porque, a final de mes, correré mi primer trail por etapas de 120K. Y aunque este maratón es un preparatorio, eso no le quita ni un ápice de respeto. Porque una cosa es correr por la montaña, con sus cuestas, sus paisajes y sus momentos de caminar, y otra muy distinta es correr 42 kilómetros seguidos en asfalto, donde cada zancada cuenta y cada paso es una negociación con tus piernas y tu cabeza.
Y está el tema del miedo. Porque sí, aunque haya corrido otras distancias, esta es mi primera vez en un maratón de asfalto. Y las primeras veces siempre dan respeto.
Me hace gracia comparar esto con otras “primeras veces” de la vida. Como cuando intenté cocinar mi primera tortilla. Ese día también sentí el mismo respeto:
• “Se me va a pegar en la sartén.”
• “Me habré pasado de sal.”
• “Se romperá al darle la vuelta.”
Me hacía tanta ilusión!!! Me concentre a tope, me puse el delantal.. y desastre absoluto. Parecía cualquier cosa menos una tortilla.. La segunda fue mejor, y la tercera, y la cuarta… y al final he acabado haciendo tortillas hasta con la luz apagada.
Lo mismo pasa con el maratón. El primero no va a ser perfecto. Seguramente habrá momentos en los que querré tirar la toalla, en los que pensaré que esto no es para mí. Pero esque al final, todo se trata de experiencia, de acostumbrarse, de intentarlo, de vivir la experiencia, de perder el miedo. Y de recordar que ESTAS DONDE QUIERES ESTAR, HACIENDO LO QUE QUIERES HACER.
Esta semana ha sido de todo menos “ideal” para afrontar la recta final del entrenamiento.
• Me he levantado a las 5 de la mañana para entrenar.
• He estado 12 horas al día de pie, quieta, en un stand de feria.
• No he visto la luz del sol.
• He comido mal y he dormido peor.
Una parte de mí habría querido un final de preparación más bonito, con entrenamientos clavados, buena alimentación y descansos de ensueño. Pero así no es la vida real. Ni para mi ni para nadie.
Si a eso le sumamos que las hormonas también han decidido unirse a la fiesta, pues mira, ya es el pack completo. Pero bueno, ser mujer es lo que tiene, así que se corre con hormonas o sin ellas, qué remedio.
Sé que no voy a llegar con las mejores sensaciones del planeta. Pero también sé que he hecho los deberes.
• No me he saltado ningún entrenamiento.
• He seguido el plan de nutrición.
• He disfrutado y sufrido a partes iguales.
• He aprendido un montón en el camino.
Así que ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Que sufra? Seguro. ¿Que en algún punto de la carrera me pregunte “¿pero qué demonios hago aquí?” Garantizado ¿Que echare de menos a mi familia animando? Sin duda.
Y también sé que voy a aprender, que voy a vivir una experiencia brutal y qué espero volver a abrazar a Mariano en meta.
Como cuando tienes un hijo o emprendes un negocio no?. Nadie nace sabiendo ser autónomo, madre o padre. Aprendes sobre la marcha, ensayo y error, con momentos de felicidad y desesperación. Y al final, siempre sales adelante.
No sé si saldrá bien, no sé si sufriré más de la cuenta. En las carreras de asfalto no se juega a esperar a sentirte listo. Se trata de hacerlo, de lanzarte, de intentarlo. Lo voy a intentar, vaya si lo voy a intentar. Como cuando me partí la muñeca en Añon y me escape de la ambulancia para poder terminar la carrera. Porque si algo he aprendido es que en la vida no se trata solo de cruzar la meta, sino de echarle ovarios y correr hasta el final.
Y también se que no soy ninguna heroína, que todos vamos superando retos por la vida, con o sin arco de meta al acabar. Que esto lo hago porque me gusta!
Si lo consigo, perfecto. Y si no, pues me compraré una sartén nueva y seguiré practicando, como con las tortillas.
Porque el mejor momento nunca llega. El mejor momento es siempre ahora.

Deja un comentario