
Cuando pensamos en carreras de trail, la mente suele llevarnos a paisajes de alta montaña, a los Pirineos, a senderos remotos entre bosques y cumbres… Pero se nos olvida que existen otros paraísos en este país que también merecen ser recorridos corriendo. Uno de ellos es la Costa Brava, y ahí es donde he vivido gracias a Territorio Trail y el equipo de la CBSR una de las experiencias más especiales de mi vida como corredora: la Costa Brava Stage Run.
Tres etapas. Tres días. Muchos kilómetros. Pero también muchas sonrisas, paisajes increíbles, escaleras infinitas que se suben con gusto, y un mar azul que te acompaña en todo momento por tu derecha. Es como si cada zancada fuera un suspiro entre acantilados, senderos estrechos y calas de postal. Una carrera en la que el esfuerzo se mezcla con la emoción, y donde tú eres el auténtico protagonista de una especie de crucero terrestre.
Sí, porque aquí el crucero eres tú. Eres tú quien se mueve, mientras el paisaje cambia. Tú eres ese barquito que navega por la costa, recogiendo vivencias, con la única preocupación de correr y disfrutar. Todo lo demás lo pone la organización: un equipo humano que te arropa, que te cuida, que hace que no te falte de nada en ningún momento.
Cada llegada a meta es una fiesta. Masajes, comida rica y abundante, fruta recién cortada, bebidas frías y calientes, y sobre todo, un montón de voluntarios que no paran de sonreírte y darte las gracias, como si el mérito fuera suyo y no tuyo. Después, el traslado al hotel, la ducha caliente, tus cosas ya en la habitación porque ellos se han encargado de moverlas por ti. Cena, descanso, y al día siguiente, vuelta a empezar, con la misma ilusión y la certeza de que todo va a ir bien.
Y cuando acaba, cuando los kilómetros ya se han quedado atrás, no queda otra que sentir un pellizco de nostalgia y una gratitud inmensa. Porque pocas veces se vive algo así. Porque esta carrera es mucho más que correr: es una travesía, es un viaje, es una experiencia de esas que se quedan a vivir contigo mucho tiempo después de haber cruzado la última meta.
¿Qué más se puede pedir?

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